Sin Título

Por: León Darío

 

el hombre por el hombre,
el animal por el hombre,
el mundo por el hombre,

el hombre sale de la caverna cómplice de las sombras,
se quema, se quema, se quema,
le dan asco sus espectadores
ávidos por entretener el tedio con la tristeza del hombre,
pero él mismo fue su espectador durante muchos siglos,
fue el divertimento de sus pasiones más viles,
se regocijo en la lágrima de la mujer preñada,
en la muerte inevitable del enemigo,

ahora se quema y el fuego no borra la banalidad del prójimo a través de sí mismo,
aquel prójimo que amó con sacrificio,
aquel, tan diferente…

ay! el hombre soy yo y son ellos,
y saberlo no merma este escozor que parece infinito…

Foráneos

Por: Nicolás Reyes

 

 

Imagine que usted es ese tipo que entra a una tienda

y pide una cerveza

la ciudad

esa en la que vivió tantos años y le es ahora tan ajena

tiene unas claras intenciones de calor infernal

como siempre

Ahora imagine que hay un gato

y que lleva lentes

pero no sonríe

por sobre el último piso de la tienda

y sin intenciones de caer en pie

Lo que sigue tiene lugar justo enfrente de la puerta

y en uno solo

usted, y el tipo… lloran

 

Como la gente que vuelve de ninguna parte

y espera.

 

La última, otra vez

Por: Juana Gómez Gómez

Recuerdo haber escuchado el cartero gritar: “señorita Rangel, señorita Rangel, tiene usted una carta firmada por los demás”. Recuerdo coloridas y esporádicas cintas en el viento, recuerdo con facilidad el último abrazo, el ultimo beso, recuerdo que no quería nada, solo caminar, recuerdo el olor de su cuerpo y el osado ritmo que acostumbraba a sonar; ahora entiendo más de una cosa, y en el suspenso del universo puedo ver algo más que la última vez, puedo recordar como vestía cuando estaba de luto; recuerdo también la alegría que compartía mientras veía sus labios húmedos de besos, su mano izquierda más grande que la mía; recuerdo la mancha roja en la pared blanca que se borró con el tiempo…

Tengo un recuerdo, dos recuerdos, tres y mil recuerdos en un puñado de ilusiones que guardo antes de volver a decir por última vez, señorita Rangel.

Una Caballo Galopa Dentro de Casa

Por: Andrés Garavito

“Mi corazón es una línea de cocaína”

Javier Cevallos

 

 

A

-Un Caballo blanco Galopa dentro de casa,

Entona la diana con su relincho

Despertándome a una guerra falsa.

 

Están sus huellas en todo el desorden,

Pictogramas enigmas a descifrar,

Caustico invierno de Cascos blancos,

Marcas indelebles, intocables

Pálidos días  polvorientos,

Reuniendo el fin de mi desdén.

 

En perfume sudoroso,

Caballo Color mi sangre,

A tu ritmo mi corazón trota.

 

Este jinete Estropeado,

Eterno espectador pávido Incapaz de ensillarte,

Muerde el polvo que borra las cansadas líneas de las manos.

 

Veo reflejarme en tu locura equina

Cómo si no supieras verte encerrado

Como si al entonar la diana

Prometieras un amanecer de fuego

Un derrite lento de esta Vampirética celda

Pero a diferencia de tu libertad de cielo

No sé quien soy cuando no me encierran.

 

 B

-Se fue,

 Cabalgando su caballo blanco,

 Sin saber que moriría de sed.

 

Los vimos de golpe volverse polvo,

Entre la bruma y los caminos de Marte,

Dejándonos de nuevo solos.

 

Cabalgas Percival,

Cabalgas tu locura pulverizada.

-¡Que tristes y celosos miramos tu alegría!-

No entendiste que dios muere para que crezcas fuerte

Fuera de los burdeles de la fe.

 

“Caballo blanco,

Te quedarás solo y como polvo morirás.

Lloverá tu nombre sobre esa noche:

Será otra maldita noche propicia a la memoria”,

Sobre el sagrado tono albo que tomará este desierto arenoso.

Te quedarás solo y como polvo morirás

 

 C

-Conocí a los buenos espíritus,

Los buenos espíritus me abofetearon

Maldiciéndome con el calor de la negra noche.

Negra noche de este global verano.

Ahora Extiendes tus llamas como el frio,

Que solo ayer lo cubría todo.

 

Acido verano que amenazas con ser eterno.

Infierno en el que veo las malas brumas del futuro;

Supe que sólo mi corazón te vencería…

“¡Late!

¡Late corazón tullido!

Que no te asusten las negras brumas de este loco envenenado.

Que sus infectas palabras sean tu espada y broquel.”

Y dicho esto se desvanecía el negro sol,

Dejándome solo.

Y entonces vi a treinta hombres correr,

Entre tropiezos,

Hacia el abismo en el que desaparecían…

Y los vi volver como fantasmas,

Cabalgando hacia mí en estampida,

 Y tu mirada encabezaba el ejército

Sobre el corcel blanco en el que partiste,

Percival,

Sin saber que morirías de sed.

 

 D

-Cabalgando su caballo blanco se fue,

Con la escusa de un grial,

Un Plutón desconocido,

Y yo quedé desmontado a un lado del camino.

 

Tu mañana nació rápida,

Calcinante y cegadora;

Ya no estabas aquí.

Un callejón de pupilas afiladas me reta a cruzar:

Tu ausencia

Caustico fantasma

Me empujó a tu miedo de dioses travestidos de muerte

Y de neuróticos reyes omnipresentes.

 

Camino,

Camino que me esperas,

 Y yo sin caballo blanco que montar.

Presente,

Presente que te alejas,

Como polvo de Percival.

 

“Siento un miedo redentor sobre antiguas dunas,

Sobre miradas fantasmas,

En las que me veo naufragar.

 

Lentamente me hundo al unísono de mí palpitar,

Y como a tu grial yo te busco,

 Entre el arenoso desierto,

Percival.

UN CIRCO POCO SERIO


Cinismo Sinismos

una entidad sin ánimo y sin lucro


Si bien esperábamos conservar nuestro porte de serios literatos (aunque no seamos ninguna de las dos), justo ahora tenemos que decirles que la próxima edición de la revista “Cinismo Sinismos” por desgracia (y para suerte de algunos) no podrá salir este año, tal como lo teníamos esperado.

Por un extraño error administrativo en uno de los pautantes, nuestro dinero (el de la revista) ha sido pospuesto hasta comienzos del año entrante (ENERO-FEBRERO).

Mientras tanto sólo podemos decirles que estaremos informando la nueva fecha de lanza-miento.

 


LOS DEJAMOS CON NUESTRA ULTIMA ACTUALIZACIÓN DEL BLOG…

 


 

Gaempo

Por: Angela Celis

 

 

 

El tiempo ha muerto

a la hora de la siesta

como gato 

vino cuando quiso

me araño

me mordió

me volvió mierda

y ahora se ha ido

para siempre

a la hora de la siesta

 

 

 

a mi casa…

Por: Nicolás Reyes

 

a mi casa, mire usted…

a mi casa no se llega en caballo

atravesando las montañas

no se llega tampoco en bus

ni en esas tristes noches cálidas

como lamidas por el tedio

mucho menos temprano de mañana

cuando los madrugadores acarician

con su aliento y en gallada

la dulce nuca de algún desprevenido bebedor

 

a mi casa no se entra ni se sale ni se miran nunca en sus ventanas

esos tristes animales que llevan años sitiándola

a mi casa no se toca

pues casi nadie nunca abre

 

a mi casa se cae como en un estado

como en una profunda decepción

sin dolores ni nostalgias azules-grises-amarillas

sin ausencias

 

…y un cuaderno

que es más bien una libreta

y esas hojas que son blancas

y sus bordes arrugados…           ah, mire usted

                                           estábamos hablando de mi casa

 

mi casa

                 soy yo.