Ellos, los que (dizque des) conozco.

Por: Álvaro Claro

 

Entonces no he podido evitar un momento más

la cruda pregunta por lo que a cambio he recibido

por cortarme la lengua, los brazos e incluso el corazón

para que el dolor ajeno se anegue a mis expensas.

 

Apenas el engaño de haber tenido vida propia

sin fuerzas para negar cuánto quiero lo perdido

en esta ciudad que sin cansancio se ha encargado

de borrar mis huellas con humo y escupitajos.

 

Trastabillo por las risas y abrazos del pasado

-fantasmas sin forma, reflejos que me han dejado-

amaneceres y hematomas en un cuerpo que nunca fue divino.

 

Sin contar con un solo amigo que no confunda

el destello de la envidia y la luz  con el rencor

quemando las palabras antes de empecinarse en patear

los regalos que por ellos representaban para mí:

confianza.

 

Tampoco tuve ni quiero ya exigir

el derecho a decidir quién se queda con mis últimos fracasos

para que cultiven con ellos sus endebles  paraísos.

 

Y aunque no pretendo la certeza, con resignación

me digo:

desvencijada tierra de traición,

borrachos y despiadados seres a los que escribo,

como ellos también mucha chusma y desprecio tengo

muy bien merecido, sin suerte en el desafío del amor

sale de mí la anónima e inevitable tendencia a culpar

a los demás por los accidentes que he producido

y de los cuales fueron mi mente y mi tranquilidad

las principales víctimas.

 

Quejidos como insectos disecados en una jaula de cristal:

ninguno de ellos tiene sentido.

 

En consecuencia en la soledad de mi habitación

me repito:

aún es posible deshacer las ideas de una mejor vida

y enfrentarse a la realidad y su barricada de delirios,

porque hasta la huida se quedó corta o es muy larga

para mi delimitada constitución, para mi voluntad de señorita.

 

 

Pues mientras tenga algunas migajas de corazón

alimentaré a los cuervos para que picoteen mis ojos

sin darse cuenta de que en las pupilas guardo un veneno

que los matará antes de llegar a celebrar en sus guaridas.

 

Así en cada uno de los victimarios siempre habrá una prueba

de mi hermosa venganza íntima.

Sin Título

Por: León Darío

 

el hombre por el hombre,
el animal por el hombre,
el mundo por el hombre,

el hombre sale de la caverna cómplice de las sombras,
se quema, se quema, se quema,
le dan asco sus espectadores
ávidos por entretener el tedio con la tristeza del hombre,
pero él mismo fue su espectador durante muchos siglos,
fue el divertimento de sus pasiones más viles,
se regocijo en la lágrima de la mujer preñada,
en la muerte inevitable del enemigo,

ahora se quema y el fuego no borra la banalidad del prójimo a través de sí mismo,
aquel prójimo que amó con sacrificio,
aquel, tan diferente…

ay! el hombre soy yo y son ellos,
y saberlo no merma este escozor que parece infinito…

Foráneos

Por: Nicolás Reyes

 

 

Imagine que usted es ese tipo que entra a una tienda

y pide una cerveza

la ciudad

esa en la que vivió tantos años y le es ahora tan ajena

tiene unas claras intenciones de calor infernal

como siempre

Ahora imagine que hay un gato

y que lleva lentes

pero no sonríe

por sobre el último piso de la tienda

y sin intenciones de caer en pie

Lo que sigue tiene lugar justo enfrente de la puerta

y en uno solo

usted, y el tipo… lloran

 

Como la gente que vuelve de ninguna parte

y espera.

 

Una Caballo Galopa Dentro de Casa

Por: Andrés Garavito

“Mi corazón es una línea de cocaína”

Javier Cevallos

 

 

A

-Un Caballo blanco Galopa dentro de casa,

Entona la diana con su relincho

Despertándome a una guerra falsa.

 

Están sus huellas en todo el desorden,

Pictogramas enigmas a descifrar,

Caustico invierno de Cascos blancos,

Marcas indelebles, intocables

Pálidos días  polvorientos,

Reuniendo el fin de mi desdén.

 

En perfume sudoroso,

Caballo Color mi sangre,

A tu ritmo mi corazón trota.

 

Este jinete Estropeado,

Eterno espectador pávido Incapaz de ensillarte,

Muerde el polvo que borra las cansadas líneas de las manos.

 

Veo reflejarme en tu locura equina

Cómo si no supieras verte encerrado

Como si al entonar la diana

Prometieras un amanecer de fuego

Un derrite lento de esta Vampirética celda

Pero a diferencia de tu libertad de cielo

No sé quien soy cuando no me encierran.

 

 B

-Se fue,

 Cabalgando su caballo blanco,

 Sin saber que moriría de sed.

 

Los vimos de golpe volverse polvo,

Entre la bruma y los caminos de Marte,

Dejándonos de nuevo solos.

 

Cabalgas Percival,

Cabalgas tu locura pulverizada.

-¡Que tristes y celosos miramos tu alegría!-

No entendiste que dios muere para que crezcas fuerte

Fuera de los burdeles de la fe.

 

“Caballo blanco,

Te quedarás solo y como polvo morirás.

Lloverá tu nombre sobre esa noche:

Será otra maldita noche propicia a la memoria”,

Sobre el sagrado tono albo que tomará este desierto arenoso.

Te quedarás solo y como polvo morirás

 

 C

-Conocí a los buenos espíritus,

Los buenos espíritus me abofetearon

Maldiciéndome con el calor de la negra noche.

Negra noche de este global verano.

Ahora Extiendes tus llamas como el frio,

Que solo ayer lo cubría todo.

 

Acido verano que amenazas con ser eterno.

Infierno en el que veo las malas brumas del futuro;

Supe que sólo mi corazón te vencería…

“¡Late!

¡Late corazón tullido!

Que no te asusten las negras brumas de este loco envenenado.

Que sus infectas palabras sean tu espada y broquel.”

Y dicho esto se desvanecía el negro sol,

Dejándome solo.

Y entonces vi a treinta hombres correr,

Entre tropiezos,

Hacia el abismo en el que desaparecían…

Y los vi volver como fantasmas,

Cabalgando hacia mí en estampida,

 Y tu mirada encabezaba el ejército

Sobre el corcel blanco en el que partiste,

Percival,

Sin saber que morirías de sed.

 

 D

-Cabalgando su caballo blanco se fue,

Con la escusa de un grial,

Un Plutón desconocido,

Y yo quedé desmontado a un lado del camino.

 

Tu mañana nació rápida,

Calcinante y cegadora;

Ya no estabas aquí.

Un callejón de pupilas afiladas me reta a cruzar:

Tu ausencia

Caustico fantasma

Me empujó a tu miedo de dioses travestidos de muerte

Y de neuróticos reyes omnipresentes.

 

Camino,

Camino que me esperas,

 Y yo sin caballo blanco que montar.

Presente,

Presente que te alejas,

Como polvo de Percival.

 

“Siento un miedo redentor sobre antiguas dunas,

Sobre miradas fantasmas,

En las que me veo naufragar.

 

Lentamente me hundo al unísono de mí palpitar,

Y como a tu grial yo te busco,

 Entre el arenoso desierto,

Percival.

Gaempo

Por: Angela Celis

 

 

 

El tiempo ha muerto

a la hora de la siesta

como gato 

vino cuando quiso

me araño

me mordió

me volvió mierda

y ahora se ha ido

para siempre

a la hora de la siesta

 

 

 

a mi casa…

Por: Nicolás Reyes

 

a mi casa, mire usted…

a mi casa no se llega en caballo

atravesando las montañas

no se llega tampoco en bus

ni en esas tristes noches cálidas

como lamidas por el tedio

mucho menos temprano de mañana

cuando los madrugadores acarician

con su aliento y en gallada

la dulce nuca de algún desprevenido bebedor

 

a mi casa no se entra ni se sale ni se miran nunca en sus ventanas

esos tristes animales que llevan años sitiándola

a mi casa no se toca

pues casi nadie nunca abre

 

a mi casa se cae como en un estado

como en una profunda decepción

sin dolores ni nostalgias azules-grises-amarillas

sin ausencias

 

…y un cuaderno

que es más bien una libreta

y esas hojas que son blancas

y sus bordes arrugados…           ah, mire usted

                                           estábamos hablando de mi casa

 

mi casa

                 soy yo.

Cuando me puedas enseñar a masturbar a la muerte

Por: Jorge Garavito

El día que vuelvas

Lo sé

Vendrás cansada de cabalgar nuevas serpientes

Me traerás el lenguaje eléctrico

Y me lo enseñarás

Acariciando con tu lengua

Mi garganta,

Hasta entregarme el secreto de la muerte.

Ese día

Por fin serán míos tus ojos mandala.

Maté a alguien en la carretera

Tu cuerpo tendrá tatuado

El mapa del universo

No te haré escenas

Te lo prometo

Lo entenderé

Entonces

Lo entenderé

Profesas con tu cuerpo el mensaje de los dioses.

-¿Fue por placer o por defensa?-

Ese día

Que vuelvas

Mi cabeza no será

Víctima ni burda Catedral.

Sobre tus pezones rosas te ayudaré

A planear asesinatos o inventar religiones.

Ocaso o alba

No significarán nada

Para los días de eterna lujuria

Sobre tu ala de cuervo Cabellera Larga.

-Encontré los dos en la misma acción,

Se parecía demasiado a mi-