Sin Título

 

Por: Sergio Laverde

 

 

noche sin luna,

 

quisiera que todos

 

los días fueran muertos

 

para no tener que

 

vivirlos.

 

 

 

mira por la ventana desde el séptimo piso y piensa en el verde pasto que amortiguara el golpe, la tierra fría, el techo del primer piso, suena pink floyd, él mira los juegos infantiles, el columpio vacío que mese el viento, los automóviles que a toda velocidad transitan la autopista y se deja llevar por la gravedad hasta la muerte.

 

 

 

 


123

Por:  María Camila Núñez Bergsneider


Desde aquella noche observo con  visión abismal y extendida  lo que sucede alrededor.
Desde aquella noche disfruto aún más los paseos a la finca. Me encanta ir a tirarme en el pasto y dar vueltas, llegar a la casa oliendo a perro, a chivo, a llama, a venado, a campo.

La noche de la que hablo fue en otra ciudad en la que nunca había estado. Todo el mundo siempre decía lo bonita que era, que se pasaba rico, que esto, que lo otro. Nada me pareció raro hasta la noche (otra vez la palabrita) que fui a un parque muy recurrido por los adolescentes de dicho lugar, hasta la mujer barbuda y tres pares de siameses se aparecieron por allá, ellos jóvenes por su puesto.
Todo allí era un juego de luces y colores. Los sabores, ¡qué me dicen de los sabores!, gloriosos huracanes de estos mismos, que si quisieran podrían derrumbar toda la civilización, pero no lo desean así por la lástima que nos tienen a los repulsivos humanos, por no poder contemplar ni la mitad del espectáculo que tenemos a nuestro al rededor. Después de pasar varias horas divagando y hastiándonos con el esplendor del ambiente, un par de buenos amigos y yo, decidimos tomar un taxi y darle las indicaciones al chofer, gordo y fumador,  para llegar a nuestro peculiar hospedaje.

Llegamos.

A continuación, presento tres más uno pensamientos y preguntas hechas al aire durante y sobre nuestra temporal y sobretodo estrambótica morada (las ordené de forma cronológica para comodidad propia, ya que para usted, querido lector, bajo ninguna circunstancia tendrán sentido):

-¿Qué se puede esperar de la cordura del mortal que entra por decisión propia  a una casa con un pino sin fin en el patio frontal?

-¿Qué se puede esperar de una residencia con una hamburguesa como teléfono?

-El hamburguemofono sí sirve, se escucha con interferencia, pero sirve.

-En este rancho no se puede dormir por ese desgraciado fantasma de presencia bastante clichesuda. Blanco, así como una sábana flotando, tenía un par esferas azules en las cuencas oculares que brillaban en la oscuridad. El miserable se la pasa haciendo ruiditos y no deja pegar el ojo.

Nos fuimos.

Es en las despedidas donde acostumbro a repasar todo lo que sucedió en los momentos previos a este emotivo y sumamente cursi instante, y esta vez no fue la excepción.
¡Saz! Vienen las lágrimas después de darme cuenta que todo pasó y no volverá, no volverá nunca a pesar de lo que diga la gente, no volverá nunca a pesar de dar un paseo en bicicleta mientras siento un ligero sabor amargo en los bordes de la lengua.
Al mismo tiempo que pienso esto, sin darme cuenta, ya estoy en un bus de regreso a mi realidad, un bus de regreso a la desesperanzadora cotidianidad (¿si me quedaba allá se volvería rutinario todo también?)

Me asomé por la ventana fría y medio empañada del vehículo, vi a los personajes prefabricados del parque, les sonreí pero ya todos me habían olvidado, ni por educación levantaron la mano. Todo pasa, todo cambia y no me doy cuenta  por estar pendiente de los arreglos del tema que me mencionaron de Los Fabulosos Cadillacs, al principio no lo reconocí por el nombre, pero noté que lo había escuchado por lo menos unas 38 veces anteriormente y por eso se me hacía familiar.
Desde aquella noche solo añoro silencio, que todos cierren la boca, que no me hagan favores si no se los pido.
Después del viaje quedé con un ruidito en el oído izquierdo, eso hace que me fastidien hasta los bostezos de mi madre  que está sentada en el sofá. Recostada en mi cama, retorciéndome en las sábanas aprisionadoras, formo figuras en las nubes, levanto la mano para palparlas pero olvido que jamás aprendí a llevar tan alto mis extremidades.

¡Que bonito es cuando todo se dobla y desdobla!
Todo está bien en esta colina, todo esta bien en este desierto. De-cierto, De-falso.
Apago las luces ya, nadie me va a llamar.

 

 

El placer por El placer

Por: Angela Celis

 

Antes de empezar a escribir debo dormir un instante,  y así soñar toda mi vida en un momento; despertar 15 o 10 minutos después de haber cerrado los ojos, un poco extrañado y con unos cuantos murciélagos en la cabeza comiendo mis neuronas como polillas, veré entonces mi cuerpo y pensare que estoy vivo, porque así es que uno se ve vivo, viendo su cuerpo desde la cabeza. No encontrare el por qué seguir despierto, si toda mi vida ha sido un sueño, los recuerdos más hermosos son recuerdos de sueños, los mejores lugares a los que he ido están en mis sueños, las personas más extraordinarias en mis sueños. Entonces tomo la cobija de una esquina y me cubro con ella casi de manera mecánica cada noche, es mi rito para despedirme del mundo, atravesar la puerta y visitar el placer por el placer.


Disco alien

Por: J F. Galindo

l

l

La ciudad que siempre duerme

canta canciones de cuna para novias muertas

los semáforos          los espejos   y las viudas

todos tan ensimismados

tan  desvanecidos

los que buscan a dios en la humedad de las paredes

los que arremeten contra sus enemigos en las puertas de los baños

la delgadez de la autopista veneno de serpiente

la prueba fehaciente de que todos los caminos conducen a ninguna parte

l

Aliens del futuro discutiendo sobre Shakespeare y Proust

Curas y reptiles leyendo el Finnegans Wake

vecinas desdentadas imitando a Ezra Pound en la cárcel

toqueteos clandestinos en el metro

l

y la sabiduría para caminar sin pisar las líneas de la acera

todo es tan así por estas calles

l

un concierto de niños que te apuñalan sin decir nada

de busetas viejas que traquetean inertes melodías

un rinoceronte muerto en una piscina

es la señal de la maldad con que crecimos

los chicos bailan sonrientes

mientras un ciudadano Kane desnudo

rebusca migajas de pan en la basura

l

todo es tan así por estos días

l

un serial killer que regala flores a los transeúntes

muere de miedo ante el tractor que lo arrincona

que tumba su rancho hecho de latas y pregones

y sus hijas colgadas de sus manos

inventan una lengua para decir amor

l

las pantallas muestran un clavijero con un ojo enorme entre sus cuerdas

un parque en donde novias extraviadas hablan de la pureza del cilantro

de que la clave del éxito es gritar éxito ante el espejo diariamente

hasta el cansancio

y el sábado nuevamente desempolvan sus mejores miedos

y salen a bailar descalzas

y sus pintarrajeados labios de ninfas seductoras

besarán las cenizas de lo que siempre queda

bailarán con los tipos que leen

y fumarán hierbas tendenciosas

hasta el amanecer

cuando regresarán a sus casas cargadas de dolores

l

todo es tan así por estas calles

un subterráneo inexistente

por donde escapan nuestros mejores años

viajes a la Mesa o cortas experiencias con la heroína

l

aquí no hay nada

l

sólo las ganas de huir  entre universos

como  una pesadilla

como un  parpadeo

ante las cámaras de seguridad del mundo

A veces…

Por: Nicolás Reyes

l

l

a veces…

aquél monstruo de cuatro cabezas

…………………..–torpe para aquellos menesteres de la carne-

olvidaba que no era polilla sino luciérnaga

y le veíamos estrellarse contra las paredes

beodo

entre luces de colores


apagando la propia


Pensamiento Sutil

Por: LeonDarío

“es hora de que tu locura vea el reverso de tu conocimiento” J.L.G.


Soy la dueña de la palabra no mencionada, de la figura retórica inalcanzable, de un ave que vuela a medianoche sobre un manto oscuro y sin luna, que dibuja sus latidos en la penumbra. Que sólo encuentra la censura, la autocensura del mundo y hacia el mundo, como un alejamiento doloroso de todo lo conocido. La dueña de un pájaro que busca entre el silencio de las respiraciones nocturnas, un silencio perfecto y puro, el alejamiento absoluto, libertad, muerte, nada. Nada de esto podrá ser dicho porque nada es. Sólo puede tocarse levemente con las yemas del miedo, rozarse con los hilos transparentes de la demencia, y entonces surgir de un montículo de escombros, de la ciudad venenosa, como una hoja rayada por el gemir de lamentos indecibles, de otra que es soñada en el nido, que no soy yo.

EL SÍNDROME DE ROCKEFELLER

Texto Por: Álvaro José Claro Ríos

Foto por: Yellow Brown


Una mañana se sorprendió al encontrar el inodoro lleno de billetes después de defecar. Al principio utilizó el laxante como acompañante de sus comidas. Luego la comida desapareció de la dieta y el laxante, en las versiones comerciales de pastilla y cucharada, era el único componente de su alimentación.


Una noche, después de reacomodar su fortuna para que no saliera volando por las ventanas de su mansión, el tipo sintió que el intestino grueso y el delgado se anudaban con su ano. Corrió al baño, se bajó los pantalones y mientras se aruñaba las rodillas, exhaló con todas sus fuerzas.

El tipo cayó como un bulto de desperdicios sobre el suelo. Agonizante logró ponerse en pie para pedir ayuda, pero el puño de la muerte lo fulminó cuando trataba de girar la perilla. Antes de volver a caer, dentro del inodoro el tipo sólo vio sangre, entonces comprendió que había defecado hasta su alma.

El arte se vive