El Príncipe

Por: Diana Sánchez

 

 

El príncipe entró al castillo y sigiloso pero veloz recorrió cada una de las habitaciones. Sabía que pronto aparecería el dragón. En la habitación principal estaba, más no la princesa. Sin dudarlo, atacó a la bestia. Ésta, más grande y fuerte le devoró casi agradecida porque hacía mucho que no comía. La princesa entró al castillo porque su padre, el rey, no pasaría por la vergüenza de hacer pública la maldición de su hija. La princesa recorrió pausada todos los aposentos y halló al dragón a los pies de la única cama que había en todo el lugar. Pensó para sí, que este era el engendro destinado a evitarle la salvación, sin embargo, tal monstruo casi amablemente abandonó el sitio… pasaron los días, quién sabe cuántos, y de a pocos se fueron acercando. La princesa conoció su lenguaje a pesar de no comprender nunca cuál era su propia maldición. Así, con aprecio y paciencia, que se fueron convirtiendo en un profundo cariño, descubrió que el pseudo animal era también victima de su propio castigo. En el propósito de librarle de su mal, le amó y supo que a su manera, también era correspondida en su cariño… en la media noche de un día cualquiera, por motivos indefinidos para los partícipes del hechizo, este se rompió, dejando al descubierto, debajo de las escamas del demonio a una bella princesa que seguía amando con pasión a su salvadora y ésta a su vez comprendió que era en realidad la heroína de la historia.

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