Una vez, cuando la guerra

Por: Angye Gaona

 

 

No provoques al león

que reposa en su campo

 

¿Qué podría implicarte

su gesto lento,

su verdad calma?

 

Si no puedes resistir esa,

tu inclinación de más,

y buscas un león que sirva

su propia cabeza en tu mesa

y sólo un par de garras,

las tuyas,

 

admites en tierra,

nada podrá guarecerte de esa,

tu intención de más,

y alguna trampa,

algún águila mecánica traerás

para cazar al león.

 

Reina el león

aunque lo enjaules

y lo lleves lejos de sí

a rugir a tus circos,

a esconder sus garras en tus fábricas,

a desatar la ira de las bestias del Sol

que atesoras en las bóvedas.

 

Reina el león y reina la espada,

único arbusto que crece silvestre

en las tierras del león,

que no te será dado exterminar

aun si ordenases manar fuego

de tu garganta.

 

Una respuesta hacia “Una vez, cuando la guerra”

  1. …Y si el día fuera noche, y la noche fuera yo, leyéndote, la brisa traerá el recuerdo el recuerdo cuando fuiste noche de fuego y el alba apenas nacía.

    Sierra.

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