Una vez, cuando la guerra
Por: Angye Gaona
No provoques al león
que reposa en su campo
¿Qué podría implicarte
su gesto lento,
su verdad calma?
Si no puedes resistir esa,
tu inclinación de más,
y buscas un león que sirva
su propia cabeza en tu mesa
y sólo un par de garras,
las tuyas,
admites en tierra,
nada podrá guarecerte de esa,
tu intención de más,
y alguna trampa,
algún águila mecánica traerás
para cazar al león.
Reina el león
aunque lo enjaules
y lo lleves lejos de sí
a rugir a tus circos,
a esconder sus garras en tus fábricas,
a desatar la ira de las bestias del Sol
que atesoras en las bóvedas.
Reina el león y reina la espada,
único arbusto que crece silvestre
en las tierras del león,
que no te será dado exterminar
aun si ordenases manar fuego
de tu garganta.
2 noviembre, 2011 a 12:58 pm
…Y si el día fuera noche, y la noche fuera yo, leyéndote, la brisa traerá el recuerdo el recuerdo cuando fuiste noche de fuego y el alba apenas nacía.
Sierra.