Texto por: Nicolás Reyes
Imagen por: Nicolás Reyes
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Texto por: Nicolás Reyes
Imagen por: Nicolás Reyes
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Por: Nicolás Reyes
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a los siete -claro que lo recuerdo-
además de intentar cocinar a mi perro
y del negro dolor de piernas en las noches heladas
y los sollozos sin verdades afines
-en los días sombríos-
y de la mesalina peso pluma que aprendió a olvidarme
-antes de que yo la besara-
solía tener un extraño sueño… y levantarme teniendo aun cinco
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pero uno no debería hablar de esas cosas
igual hay que levantarse con 23
e ir a la tienda
con la disciplina
de los avioncitos de papel…
como las hijas de las putas
Por: Nicolás Reyes
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para repartir en trozos lo que fuimos
permutar unos cuantos odios y
deshacernos de la gata
para evitar –sutiles como siempre-
la sórdida costumbre de
lamernos el hastío
recoge y vete
siete veces por semana
y borrarnos abyectos los sábados
sin brandy
con cara de domingo por la tarde
y obsequiarnos exquisitos
el discreto encanto del indulto
de las decepciones
cruzar en puntitas el jardín
de los olvidos
por qué no?
… y partir de huida a otro planeta
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para vender la casa…
es condición indispensable
desalojar las telarañas
de los cuartos
dejar abiertas las ventanas
y en el centro de la sala
pasar de largo ante el espejo
cota de malla
distancia prudente de hola
y hasta luego
hasta que se halla disipado
el viejo moho en las paredes
y a escondidas en los cuartos
los susurros asesinen los recuerdos
como bandadas de pájaros envenenados
certeros
desocupándolo todo
a su paso
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por supuesto… hay que
pintarla
y ponerle un precio
Por: Stella Aguilar
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Sabes que las soledades pueden
contar leones como si aquellos
estuvieran dispuestos solo a oler la
carne fresca sin necesidad de combustionar
como luciernagas….
Texto Por: Simona Avendaño
Imagen por: Simona
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yo sé que el problema es mío,
que deseo caer en ese hueco
tantas veces cómo padezca el verso,
que soy una mendiga de horizontes
que soy toda una vida
por instantes,
por instantes
que visto a migajas
esas sombras perturbadas
que desisto, que desisto,
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que desisto
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que el camino
ya está hecho
de piedras desgastadas,
y el viejo tiempo
sigue llegando a este aire,
a este aire,
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que tomó sólo
como asmática.
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sí, que el problema es mío,
que la danza es despistada,
que anhelo robar al mar
esos verbos de oleaje,
que pretendo,
arrebatar
a las estrellas
los deseos,
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yo sé, yo sé,
que el problema es mío,
mío,
y caeré otra vez en los
huecos sin avisos.

Texto por: Anadenanthera
Imagen por: Anadenanthera Peregrina K

Kamil se ofreció a acompañarla en su travesía hacia marte. Ankora, ansiosa por llegar a aquel lugar, se sentía embargada de una incalculable felicidad. Mientras caminaban, él le tomó la mano, sentía su sudor penetrando las células de su cuerpo. Era un día tranquilo, sin mucho movimiento, se respiraba aire puro y tranquilidad poco característica de aquella zona.
Estoy cansada –dijo-.
Se detuvieron un momento, y postraron las carnes en un escaño, el único del lugar. Hablarían por horas, sin detenerse a pensar que la noche fría y desolada caía sobre ellos. La luna de marte sería la única testigo del volcán que estaba a punto de estallar. Comenzó él acariciando sus finos cabellos, sus dóciles manos empezaron a recorrer lentamente su piel, desde el cuello hasta el final de sus largas piernas. La excitación ascendía hasta el cielo, la temperatura sobrepasaba los 100 ºC, estrellas fugaces daban un toque de perfección a aquel momento. Ella, le arrancó los labios de un mordisco, lo atrapó con una hipnotizante mirada, de esas que no fallan, de esas que enloquecen a todos los hombres que han caído a sus pies (más de mil, lleva la cuenta). Él era dichoso con dos grandes montañas labradas entre manos, acerco su boca y empezó a beber del elixir de la vida embriagándose de ella, saciando su sed de placeres mundanos que corrompían su mente cada vez que la sentía cerca. Sus manos alrededor de enloquecedoras caderas, suaves al tacto, lo sumergían en torbellinos de dolor. Su gran virilidad penetro el centro de su cuerpo, encajaba perfectamente, y así estuvieron fusionados en medio de líquidos viscosos de diferentes colores y sabores, líquidos que los ahogaban en un mar de deleitación. Ambos, como hierro fundido, hervían al rojo vivo, permanecían en un estado de enajenación y no se habían percatado que el eje del universo se había detenido ante ellos y que ahora, la luz que irradiaban opacaba al sol.
Por: Anadenanthera Peregrina Ka
éste, por hablar un poco de mí….. “amores” de invierno q no se olvidarán, y dudas que echaron en el corazón raíces.
Yo, un híbrido entre ángel y murciélago, anhelo recuperar algo que perdí en un bosque cualquiera. Por instantes -sólo por instantes- pienso que jamás volveré a abrir las alas con la misma fuerza, un hueso principal está fracturado. Busco magia en aquel sórdido, necio, torpe duende. Me hipnotiza, es verdad!!, quisiera llegar a probar sus setas, -pero- …………. (maldito “pero”, q la mayoría de veces denota algo q NO está bien y me hace tirarle piedrecillas al cielo)
Es un sueño, es real, estoy enloqueciendo?. Seguirá él, atado a su fantasmagórica hada madrina??
Tantas preguntas y telarañas que se tejen en mi mente. En el fondo presiento las respuestas y una sofocante intranquilidad me embarga y se adentra por los poros, pasa por cada una de mis venas, arterias, recorre todo el cuerpo y llega a los girones de mi corazón dispuesta a acampar hasta que la lluvia de meteoritos cese por un tiempo.
Hoy no me importa el mañana de mi ayer, hoy solo quiero compartir este momento, q se vuelva eterno, y q todo fluya, y q todo siga y que todo acontezca como “tenga” que ser. Las estrellas, los niños, los árboles, la vida, el amor, el sexo, el dolor….boom!!!. La vehemencia de mis palabras me hace despertar, poner los pies de nuevo en la tierra, mirar hacia marte y reírme a carcajadas. Los miedos infundados de la nada, las sonrisas tímidas, las miradas pérdidas, las manos torpes, los besos robados, las lenguas enredadas, los encuentros truncados, las noches estrelladas, la hoguera encendida, el sudor derramado, el pulso acelerado, dos almas abrazadas, un cuerpo fusionado, éxtasis total..
Las palabras, como flechas que dan en el blanco, justo ahí, donde mas duelen. Me siento al borde de la luna a recrear aquellos instantes en los cuales siento estar en otro mundo (-praderas planetarias que me acogen de cuando en vez), quisiera recorrer el camino completamente y no perderme a la mitad, ni entrar en laberintos y esperar a los eclipses para poder liberarme del minotauro…
Mientras pasa la lluvia de meteoritos, exalto la imaginación, cierro los ojos, me sumerjo en mis aguas profundas y desaparezco para no ser lastre………… después, abro los ojos, también las alas y me tiro al abismo a seguir maravillándome con mi pequeño, desordenado, loco, solazado y extraño universo.
Una hora (00:46), un día (miércoles), de un diciembre no tan cualquiera
Angel ………y………ka
Por: Anadenanthera Peregrina Ka
Comenzaré la plasmación de mi universo, pensando en que ya es hora de volver a construir de nuevo el castillo de naipes…
Hoy, un lunes cualquiera, sentada debajo de un árbol, en un parque cualquiera, con el sol golpeando la espalda y algunas miradas de gente curiosa sobre mí, hidrato mis ideas e invoco que vengan al tiempo y empiecen a caer lentamente una por una, como cuando estoy en la ventana de mi casa contemplando un día lluvioso.
Bastó un instante para ver lo que no quería ver, y entender lo que no quería entender. Mis ojos vidriosos no se apartaban de aquel objetivo, recrearían una y otra vez esa imagen entre las telarañas de mis neuronas hasta embriagarme en el recuerdo.
El alcohol circulando por mis venas, hizo de unas aguas apacibles y tranquilas, una tormenta implacable que cada vez se iba consumiendo con el llanto de la noche.
Huracanes, truenos, el temor de estar en océanos revueltos sin nada con que remar, hizo que me dejara llevar por la corriente, sin importar que al siguiente día despertara en medio de una isla, totalmente sola, desnuda, pero entre muchas palmeras y un cielo azul en todas sus tonalidades.
Recuerdo estar acostada en la arena, disfrutando de las olas del mar golpear con vehemencia este cuerpo y esta carne allí postradas. Me maravillaba con el suave movimiento de la vegetación a causa de la brisa marina. Imaginaba que alguien me hablaba y que cautelosamente escuchaba.
-Hola- dijo alguien con potente voz. Devolví aquel saludo con una misteriosa sonrisa. -Llevo horas observándote, tratando que fijaras tu atención en mí, pero no haces otra cosa que ignorarme, te pierdes en medio de las nubes y creo no poder alcanzarte-.
Miré con extrañeza hacia alrededor buscando la fuente de donde provenía tan inquietante sonido. Cerraba los ojos, llevaba las manos a la cabeza, pensaba que alucinaba producto del agua de mar bebido durante la tormenta. La consternación se apoderó de mí. Me levanté de aquel sitio, empecé a correr en círculos tratando de huir de algo, pero no sabía de qué. De repente tropecé con un tronco y caí frente a una hermosa palmera, la más grande y majestuosa de la isla. La observaba sigilosamente, algo en ella me había embrujado, a tal punto de capturar por completo mi atención. Por más que quise apartar mi mirada de ella, sus hojas me atraían como imanes. ¿Por qué? No lo sé. De nuevo, una sofocante zozobra empezó a recorrer mi cuerpo, mi alma pedía a gritos que me alejara del lugar (una especie de presentimiento), pero una extraña energía me tenía encadenada a aquel fuste.
Con las fuerzas que no poseía en ese instante me arriesgué a salir corriendo. Lo último que viene a mi cabeza, es un gran coco estallar contra mi frente, mis ideas regadas por todos lados y despertar en medio de una lancha rumbo al lugar de donde no debí zarpar.
Por: Nicolas Reyes
¨sabes que con un no puedes vivir tranquilo¨ –dicen ellos-
y sus bocas se ponen tan hediondas
que no caben en mis manos
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pero lo que no advierten es que delante crece un bosque
mientras atónitos miramos desde la acera
de intrincados gritos azules -destilando recuerdos-
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y sin un si la realidad sigue siendo la misma
aunque nos perfumemos bien los ojos esto sigue oliendo a mierda…



Por: Sergio Laverde León
una mujer cuyo nombre es Rolanda, encerrada en una celda, en una torre llamada del mismo modo en honor a la primera presidiaría que la habitó (Rolanda, madre de la Esmeralda) de quien todas las reclusas subsiguientes han sido descendientes. las santas Rolandas se dedicaban a la oración en aquel recoveco que no por nada se llamaba el agujero de las ratas. a diferencia de aquellas santas de la edad media esta santa moderna será conocida como “la muerta en vida” y todos los que por aquella callejuela transitan con certeza sabrán de los tormentos que ocurren en el alma de la iluminada presa de su virtud (rolanda).
según últimas investigaciones acerca del santísimo misterio de “las rolandas” se ha concluido, aunque no nos gustaría que estos hallazgos se dieran a conocer a algunos santurrones del vaticano, pues quizá estas beatas no hayan sido tan vírgenes y santas, y es probable que en algún tenebroso momento de la historia humana, algunos grandes caballeros, soldados, mercaderes, empresarios o cualquiera con la mente un poco enferma, hayan abusado de alguna de estas santas de la soledad ¿quienes serán los padres de esas justas damas que han habitado la torre durante siglos en actitudes tan menesterosas? asaltantes, hijos de ladrones, asesinos, verdaderos dementes y escorias sociales. solo una mente inquisidora podría asegurar que aquellas que decidieron vivir entre los muertos también han disfrutado del mayor de los placeres de la vida, quizás con más frecuencia de lo imaginado por el lector. quizás la asceta que habita la torre mientras yo escribo estas líneas está más viva que muerta en su torre de marfil. asegurar una descendencia de santas alrededor de ritos desnombrables hace que la iglesia continúe perdiendo credulidad.